Actualidad

La Emancipación de Tenares

Porque el coraje de los pueblos no se mide en impuestos recaudados, sino en dignidad defendida
La Tacita de Oro que se convirtió en cenicero
El veinte de octubre de mil novecientos diez, cuando Julián Javier de la Cruz fundó lo que entonces se llamaba Los Ranchos —también conocido como Arroyo Caña—, difícilmente pudo imaginar que su tierra, elevada a distrito municipal con el nombre de Villa Luperón y luego renombrada Villa Tenares en honor al general independentista y restaurador Olegario Tenares de Jesús, terminaría siendo la gallina de los huevos de oro de una provincia que la ignora sistemáticamente.
En 1939, cuando Tenares fue elevada a municipio y el señor Aníbal García asumió como su primer síndico —permaneciendo veinte años al frente del ayuntamiento—, la “Tacita de Oro” brillaba con luz propia. Así la llamaban cuando pertenecía a San Francisco de Macorís, porque era la sección más productiva y valiosa: su belleza, su suelo fértil y verde, su clima agradable y el buen desarrollo de sus tierras la hacían lucir como una pequeña joya, una taza de oro muy próspera.
Pero la joya fue entregada a una caja equivocada. En 1952, cuando se creó la provincia Salcedo —hoy Hermanas Mirabal—, Tenares dejó de pertenecer a la provincia Duarte para formar parte de una entidad de tres municipios donde, desde entonces, ha sido tratada como la hijastra que mantiene la casa pero no tiene derecho a sentarse a la mesa.
La paradoja del 55%: Capital económica, ciudadana olvidada
Aquí radica la herida más profunda, la que duele en los huesos de cada tenarense que ve pasar los años con las mismas promesas incumplidas: Tenares, según datos oficiales, produce el 55% del PIB provincial y reporta cerca del 53% del total de los impuestos provinciales. Es la capital económica de Hermanas Mirabal. Posee la mayor presencia de instituciones financieras nacionales y regionales de la provincia. Sus rubros económicos —agropecuaria, servicios, remesas— sostienen no solo al municipio, sino que inyectan oxígeno a toda la provincia.
Y sin embargo, Tenares no tiene sistema cloacal y el que se está construyendo no cumple la expectativa de un municipio con calles tan ancha y tanto desarrollo.
Lea bien, señor lector: el municipio que aporta más de la mitad de la riqueza provincial, el que mantiene con su sudor y su trabajo el presupuesto que luego se reparte en obras para otros, no cuenta con una de las infraestructuras básicas de saneamiento del siglo XXI. Mientras las instituciones financieras llenan sus calles, las aguas residuales siguen buscando caminos alternativos. Es una metáfora cruel: el dinero entra, pero la dignidad no llega.
En los últimos 25 años —que abarcan gobiernos de diferentes colores, partidos y promesas— la historia se ha repetido con una monotonía desgarradora: Tenares recauda, aporta, produce; el Estado provincial y nacional olvida, posterga, abandona. No es un problema de este gobierno ni del anterior. Es un patrón estructural, una cultura de desprecio institucionalizada que ha convertido al tenarense en un ciudadano de segunda clase dentro de su propia provincia.

Cuando los Juegos Nacionales dejan en evidencia la exclusión
Los síntomas de esta enfermedad crónica saltan a la vista en los momentos más simbólicos. En los pasados Juegos Nacionales, cuando se debió representar a la provincia Hermanas Mirabal —que somos tres municipios, no lo olvidemos—, apenas se tomó en cuenta a Tenares en infraestructuras deportivas.
Esto no es un detalle menor. Los Juegos Nacionales son una representación simbólica de la unidad provincial, y cuando un municipio que aporta la mayoría de los recursos es marginalizado incluso en la representación deportiva, estamos ante un mensaje claro: Tenares es buena para pagar, no para participar.
Hoy en día junio 10 2026, somos testigo de la formación equipos de béisbol (Capitanes de Salcedo) y fútbol (Salcedo Fútbol Club), que debería haber sido “Hermanas Mirabal”, pero la inclusión terminó siendo selectiva. Como siempre: se nos nombra cuando conviene, se nos ignora cuándo se decide.
La soledad del tenarense en la historia provincial
La exclusión tiene también raíces históricas profundas. Según la historia de la provincia Hermanas Mirabal, Tenares ha tenido apenas un solo gobernador en toda su trayectoria. Uno solo. En una provincia de tres municipios donde este aporta más de la mitad de la economía, la representación en el cargo máximo de la administración provincial ha sido casi inexistente. No es casualidad: es el resultado de un sistema donde los salcedenses han monopolizado el poder decisional, usando a Tenares como reserva económica pero negándole el derecho a la dirección política.
La pregunta que duele, la que se hace cada padre tenarense cuando ve a sus hijos irse por falta de oportunidades, cada comerciante que paga sus impuestos viendo que las calles no se asfaltan, cada joven que sueña con una cancha digna o una biblioteca funcional, es simple y terrible: ¿Deberíamos emanciparnos?
La cobardía de los legisladores: ausencia en tiempos de necesidad
Pero aquí llegamos al corazón del dolor, a la herida que más sangra: la falta de coraje de los legisladores de Tenares para representarnos dignamente.
Tenemos representantes, sí. Pero ¿dónde están cuando se reparten los presupuestos? ¿Dónde estaban cuando se decidió que Tenares no tendría cloacas? ¿Dónde estaban cuando los Juegos Nacionales nos borraron del mapa deportivo? ¿Dónde están cuando los proyectos de infraestructura provincial se asignan y, una vez más, el dinero que salió de aquí no regresa?
La respuesta es dolorosa: están callados, sumisos, cómodos en sus puestos, aceptando migajas con agradecimiento teatral. No exigen, no presionan, no plantean. Se han convertido en gestores de excusas, en intermediarios de promesas vacías, en testigos cómplices de un saqueo institucionalizado. Cuando un legislador de Tenares no es capaz de mirar a los ojos a sus electores y decir “exijo el 55% de las obras para mi pueblo, porque aporto el 55% de los recursos”, está traicionando no solo su cargo, sino la memoria de Olegario Tenares, cuyo nombre honramos y cuyo coraje no emulan.
Un legislador digno no pide favores, exige derechos. Un legislador digno no espera que el gobernador de turno le sonría, le exige rendición de cuentas. Un legislador digno no celebra una escuela o una carretera como si fuera un regalo del cielo, sino que reclama el sistema de cloacas, el hospital equipado, la universidad, el centro tecnológico, el estadio, la inversión proporcional a lo que su pueblo entrega.
Pero no. Lo que vemos es silencio, sumisión, y cada cuatro años, la misma danza electoral donde vienen a pedir el voto prometiendo que “esta vez sí”, para luego desaparecer en el laberinto de los acuerdos de Salcedo.
La emancipación: no solo un deseo, una necesidad histórica
Emanciparse no es solo una palabra romántica. Es un acto de dignidad. Es reconocer que durante 73 años —desde 1952 hasta hoy—, la pertenencia a Hermanas Mirabal ha sido para Tenares una relación tóxica: se le exige lealtad, se le exige aportes, se le exige sumisión; pero no se le devuelve inversión, respeto ni representación.
Emanciparse no significa olvidar a las Hermanas Mirabal —Patria, Minerva y María Teresa—, cuyo sacrificio honra toda la República. Significa preguntarse si la provincia que lleva su nombre honra sus valores de justicia y dignidad, o si ha convertido a uno de sus municipios en una fuente de explotación encubierta.
Emanciparse es preguntarse: ¿Tiene sentido que un municipio que produce el 55% del PIB provincial no tenga cloacas? ¿Tiene sentido que la capital económica no sea también la capital política? ¿Tiene sentido que los tenarenses paguen impuestos para que los salcedenses decidan cómo gastarlos, excluyendo sistemáticamente al principal aportante?
La respuesta, para quien tenga el valor de escuchar al pueblo, es clara: no tiene sentido. Nunca lo tuvo.
El llamado: coraje ciudadano y coraje legislativo
Este editorial no es un llamado a la división por odio, sino a la unidad por dignidad. No es un ataque a Salcedo ni a Villa Tapia, sino un reclamo de justicia hacia un sistema que ha fallado durante demasiado tiempo.
A los ciudadanos de Tenares: el cambio comienza con la conciencia. Dejen de aceptar migajas como si fueran banquetes. Exijan cuentas a quienes los representan. Organícense, presionen, hagan visible lo invisible. El 55% no es un número estadístico, es el peso de su dignidad.
A los legisladores de Tenares: tengan coraje. Olegario Tenares no dio su vida para que sus homónimos actuales fueran cobardes administrativos. Representen con la fuerza que el pueblo merece, o den un paso al lado y dejen que otros lo hagan. La historia no perdona a los que tenían el poder de cambiar las cosas y prefirieron la comodidad del silencio.
A los gobiernos, provincial y nacional: la inversión no es un favor, es una obligación. Los impuestos de Tenares no son un regalo que ustedes administran, son un derecho que ustedes deben retribuir con obras, servicios y respeto. Veinticinco años de abandono acumulado no se borran con promesas de campaña.

Epílogo: La Tacita de Oro merece brillar de nuevo
Tenares fue la Tacita de Oro de San Francisco de Macorís. Fue la joya más próspera, la tierra fértil, el orgullo de una región. Hoy, dentro de Hermanas Mirabal, es la capital económica que mantiene a la provincia pero que no puede mantener su propia dignidad básica.
La emancipación no es un capricho. Es la respuesta lógica de un pueblo que ha dado todo y recibido poco, que ha producido abundancia y vivido escasez institucional, que ha mantenido la esperanza mientras sus representantes perdían el coraje.
Olegario Tenares luchó por la independencia y la restauración de una República. Hoy, los tenarenses no piden una República propia. Piden lo que cualquier ciudadano decente exige: que su aporte sea reconocido, que su voz sea escuchada, que su dignidad sea respetada.
La emancipación de Tenares no es una utopía. Es una deuda histórica que el tiempo ha hecho impagable por otros medios. Es el grito de un pueblo que ya no quiere ser la Tacita de Oro de nadie, sino el dueño de su propio destino.
Que el nombre de Tenares deje de ser sinónimo de explotación encubierta, y vuelva a ser sinónimo de dignidad conquistada.
La historia juzgará a quienes tuvieron la oportunidad de cambiar esta realidad y prefirieron mirar hacia otro lado.

Ing. Hamlet Vargas

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