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Viejas enseñanzas con vigencias actuales

Por: Teófilo Quico Tabar

A principio de los 60 del siglo pasado, destacados pensadores humanistas enseñaban que toda moral implica valoración ética y les sirven de marco a las acciones buenas y malas, explicando que quienes exigen moral y cumplimientos legales, deben ser los primeros en darle cumplimiento. Y que cuando algunos predican o reclaman cumplimientos, pero no se enmarcan dentro de esos principios, se crea doble moral.

Explicaban porqué nuestras sociedades han estado sometidas a lo largo de su historia a una serie de situaciones que la sumergen dentro de la complejidad del dualismo de la confrontación de las principales esferas de poder y a nivel de estructuras sociales. A las que últimamente se les han sumado dualismos de creencias y valores de índole individual. Sobre todo en función del enriquecimiento fácil y de actividades “complicadas”.

Decían que los resultados de la doble moral se manifiestan como características inherentes a la manera de actuar de determinados grupos y en determinadas circunstancias. Obedeciendo a conveniencias. Advirtiendo que las mismas podrían influenciar una parte considerable de la sociedad y convertirse en obstáculo para su funcionamiento equilibrado. Provocador de problemas sociales, incapacidad de superar niveles de pobreza, construir democracias y provocar desorden generalizado.

Esas premoniciones de los años 60 arrastraron secuelas negativas. Dentro de ellas lo que algunos denominan dualismo. Ello explica porqué algunas leyes, resoluciones, principios de ordenamiento, relaciones de carácter formal y funcional, se convirtieron en normativas con las cuales se convive, pero que no tienen valor en función del ordenamiento. Se crearon, pero no se respetaron.

Por eso he reiterado por años y en muchos artículos, que en lo más profundo de las conciencias populares se producen rechazos a ciertas formas de autoridad o comportamientos. Porque al mismo tiempo que se crearon y modificaron leyes y reglamentos, se complicaron.

Y no es de dudar que en muchos casos la misión era precisamente complicarlas para hacer difícil su aplicación. Sobre todo cuando los que las crearon y debieron aplicarlas, se asociaron o confabularon con los que debían cumplirlas.

También ha ocurrido, cuando los propios funcionarios estaban conscientes de que no existían herramientas para aplicarlas. Mientras los obligados al cumplimiento de las mismas, a sabiendas de esas debilidades, en vez de cumplir, se inclinan por hacerles reclamos a la autoridad. Muchos sin cumplir con sus obligaciones y beneficiándose del desorden. Y en ocasiones, creando alianzas o sociedades con los encargados de la aplicación. Y eso encaja perfectamente en el concepto de doble moral.

Una malsana situación, provocadora de luchas y conflictos permanentes. Lo que impide la eficiencia del ordenamiento social y hace más difícil el logro de los beneficios que se obtendrían con un ordenamiento lógico, sano y practicable. Despojado de compromisos, alianzas y confabulaciones. Pero a algunos se les hace muy difícil reconocer o confesar sus propios incumplimientos, probablemente por la naturaleza misma y origen de sus actividades. Prefieren escudarse, acusando al Estado de incumplimiento, pero siendo incumplidores o cómplices.

Claro que el Estado ha fallado, pero eso no justifica actitudes de incumplimientos. Dice un prestante jurista que “quienes no cumplen con las leyes, pierden el derecho a exigir”.

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